Se fue en busca de millones, dejando atrás a la mujer que lo había construido desde cero.

—No entiendes nada de negocios —espetó, cogiendo su maleta.

—¡Y tú no entiendes nada del amor! —gritó Zariah mientras la puerta se cerraba de golpe tras él.

Ella se fue antes del amanecer… sin saber que el malestar que sentía no era sólo dolor, sino el comienzo de una vida.

Zariah no lo persiguió. No iba a correr tras alguien que nunca miraba atrás.

Cuando descubrió que estaba embarazada, la asistente de Nathan ya había bloqueado su número. En cambio, llegaron los papeles del divorcio: fríos, sin una sola explicación firmada. Los firmó con mano temblorosa y solo dijo una cosa:

—No voy a rogar.

Unos meses después, en la misma pequeña habitación donde nació, Zariah dio a luz a dos niñas gemelas. Ojos claros. Cabello rizado. Innegable.

Las llamó Mira y Nyla… porque llegaron juntas, y juntas la recompusieron.

Semanas después, mientras entregaba suministros al hospital del condado, oyó a un bebé recién nacido llorar sin parar al final del pasillo. Las enfermeras susurraban: la madre había muerto. No había familiares. No había nombre.

El bebé cerró sus pequeños dedos alrededor de la mano de Zariah... y se negó a soltarla.

Ella no lo dudó.

"Ya no estás solo", susurró.

Y le puso por nombre Jonás.

La ciudad juzgó en silencio. Zariah nunca buscó justificarse.

"Un niño no necesita permiso para ser amado", dijo simplemente, antes de regresar a los campos.

La vida se convirtió en la tierra bajo sus uñas, la risa entre las hileras de maíz y tres pequeños corriendo donde la esperanza casi había desaparecido.

Han pasado dos años.

Nathan regresó rico, agitado… y vacío.

Un contrato de compraventa de tierras lo trajo de vuelta al campo. En los documentos del cuidador, figuraba un solo nombre: Zariah Cole.

Apenas lo notó… hasta que el coche disminuyó la velocidad cerca de una valla vieja y el recuerdo le golpeó el corazón como un rayo.

Bajó las escaleras, con la camisa inmaculada y reluciente entre el polvo, barriendo el suelo con la mirada.

Y la vio.

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