Se acostó con una mujer de 60 años para salvar a su madre moribunda. Lo que descubre más tarde lo cambia...

Y ella dijo que sí. Se puso el anillo. Las lágrimas corrían por sus mejillas arrugadas. La abrazó. El mundo a su alrededor se desdibujó, pero en la mente de Raúl, una pregunta lo carcomía como veneno. "¿La amaría si fuera pobre?". Se torturaba, pero en el fondo sabía que sí, que la amaba.

Un día decidió presentársela a su familia. Su madre, ya recuperada, vivía en una casa que Raquel había comprado. Las hermanas de Raúl estaban emocionadas.

La prometida de nuestro hermano está aquí. Nuestra cuñada estará guapísima.

El coche se detuvo. Raquel salió, elegante como una reina, y de repente, silencio.

Las hermanas de Raúl se quedaron paralizadas. "¿Quién es ella?"

Raúl sonrió torpemente.

—No. Les presento a Raquel, la mujer de mi vida.

"¿Qué?" gritó su hermana menor.

¿Estás loco? ¿Nos traes a una anciana como prometida? ¡Qué falta de respeto!

Raúl gritó: «Se merece algo mejor que tus insultos».

Pero ella continuó.

Ni siquiera puedes tener hijos. Queremos sobrinos y sobrinas. Te estás arruinando la vida, hermano mayor.

Raquel salió de casa llorando, se subió a su coche y desapareció.

Raúl intentó alcanzarla, pero ya era demasiado tarde.

La llamó, pero ella no contestó. Fue a su casa, pero ella no lo dejó entrar.

Entonces recibió un mensaje: «Esto se acabó. Gracias por todo. Puedes quedarte con lo que te di, pero sal de mi vida».

Raúl cayó de rodillas, abrumado por el dolor.

Golpeó la puerta de Raquel hasta que ella la abrió. Ni siquiera lo miró.

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