¡Qué shock visitar a mi amiga en el hospital! Mi esposo la estaba cuidando. Retiré mis activos y los bloqueé...

“Entendido. ¿Cuándo ejecutamos?”
“Ahora. Inmediatamente. Quiero que la notificación llegue en el momento en que intente pagar algo.”
“Procederé.”
“Una cosa más”, añadí. “Encuentra al mejor cerrajero que puedas. Y contrata a un par de hombres de seguridad fuertes. Mañana por la mañana visitaremos la casa en Segovia.”
“A su servicio, señora.”
Terminé la llamada, arranqué el coche y vi mi reflejo en el retrovisor.
La mujer que lloraba en ese pasillo se había ido.
Solo quedaba Sofía, la directora general, que finalmente había aprendido lo que costaba la piedad.
Mi teléfono vibró: un mensaje de WhatsApp de Ricardo.
“Mi amor, he llegado a Valencia. Estoy agotada. Me voy a dormir. Besos. Te quiero.”
Reí en voz baja, cortante, sin humor.
Luego escribí mi respuesta con perfecta calma.
“Está bien, cariño. Duerme bien. Sueña dulces sueños, porque mañana puede que despiertes a una realidad sorprendente. Yo también te quiero.”
Enviar.
Y mientras la pantalla se oscurecía, una sonrisa torcida se extendió por mis labios.
El juego había comenzado oficialmente.

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