Después de que el visitante se fue, Walter llamó a Matilda para que se sentara frente a él. Su voz temblaba, no de ternura, sino de humillación.
—Matilda —dijo sin mirarla a los ojos—, Arturo Salazar te ha pedido matrimonio.
Matilda se quedó rígida. "Pero no lo conozco", susurró.
—Es un buen hombre —insistió su padre—. Él cuidará de ti... de todos nosotros.
Los ojos hinchados y rojos de su madre decían la verdad: esto no era un matrimonio, era una transacción.
La voz de Matilda tembló. "¿Cuánto te ofreció?"
Walter tragó saliva. «Dos mil pesos».
Matilda se quedó sin aliento. Fue suficiente para salvar a su familia de morir de hambre.
“Papá…” susurró con el corazón roto, “¿me estás vendiendo?”
El silencio de Walter fue la respuesta.

Nueve días después, con un vestido pagado por Arturo, Matilda caminó hacia el altar sintiéndose como si estuviera caminando hacia una tumba.
Su primer beso ocurrió en el altar, delante de desconocidos, sin amor.
Esa noche, sus manos temblaron cuando entró en su casa: la casa de un hombre que todavía era un extraño, un hombre al que ahora estaba atada.
Cuando Arturo cerró la puerta del dormitorio, habló en voz baja:
“Matilda… antes de que pase algo esta noche, necesito decirte la verdad”.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
