“Pareja de ancianos desaparece en Tehuacán (Puebla) en 1997 — 16 años después, algo perturbador… “ **La pareja que desapareció en el Valle de Tehuacán y la respuesta que durmió bajo sus pies**

Retiraron los restos con cuidado. Los objetos fueron embolsados. Cada cosa parecía tener un peso que no correspondía a su tamaño. En el puesto improvisado, reconstruyeron la línea de tiempo: salida al mediodía, 16 años de espera, retroexcavadora, grieta, hallazgo.

Al atardecer, la cisterna vacía parecía más grande. Clavaron estacas y pasaron mecate para evitar caídas. No hubo placa, el pueblo sabe nombrar con menos letras: “Ahí donde encontraron a la pareja”.

Los restos fueron liberados a la familia. Hubo una despedida pequeña en la casa de adobe. La radio sin vida fue puesta sobre la mesa por unos minutos. El rebozo doblado ganó su lugar en la silla.

Esa noche, la hija se apoyó en el marco de la puerta. Lo que volvió no fue el sonido de la radio, sino un silencio menos cortante. La ausencia ahora tenía suelo.

Los peritos completaron su informe: dos esqueletos, vestigios de ropa identificables, accesorios reconocibles. Entrada sellada por fuera. Ausencia de marcas evidentes de disparo o fracturas perimortem en los huesos mayores. La causa de muerte quedó indeterminada.

El hecho de que la entrada estuviera sellada desde el exterior sostuvo la hipótesis más dura: acción humana. Alguien trabajó para convertir la boca en suelo en 1997.

Las teorías circularon:

1. **Robo con ocultación:** Abordaje en el sendero, deposición rápida en el agujero más cercano y sellado para ganar tiempo.
2. **Conflicto local:** Una disputa pequeña que envejeció mal y terminó en tragedia oculta.
3. **Accidente y sellado:** Caída accidental y un posterior tapado por miedo a culpas.

Cualquiera que fuera la verdad, todas terminaban en la misma figura: manos que cerraron la boca.

La hija aceptó lo que había. Los objetos para ella no eran prueba forense, eran continuación. La radio tenía las marcas de desgaste idénticas a la memoria. En el pueblo, la frase “pasamos por encima” cobró fuerza. Se creó un acuerdo silencioso de que la prisa y la luz del mediodía son pésimas consejeras.

La hija tomó la radio roja y la colocó en la repisa alta, donde la luz de la tarde dibuja una sombra. No intentó arreglarla ni encenderla; la dejó en paz. Dobló el rebozo en el respaldo de la silla y dejó la bolsa rota al lado.

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