Nunca olvidaré aquel día en mi baby shower, cuando tenía ocho meses de embarazo. Mi esposo dejó a todos boquiabiertos al darle a su madre los $10,000 que habíamos ahorrado para el parto. Cuando intenté detenerlo, gritó furioso: "¡¿Cómo te atreves a detenerme?!"

Me tomó unos segundos reaccionar. "¿Mi bebé?", pregunté con la voz entrecortada.

La enfermera bajó la mirada. "Lo siento mucho".

Mi mundo se derrumbó. Un grito ahogado escapó de mi garganta. Me retorcí, llorando hasta quedar completamente agotada. No podía creerlo. Había perdido a Lucía. A mi pequeña. Mi razón para seguir.

Esa noche no dormí. La imagen de Carmen golpeándome, de Javier riendo, no dejaba de dar vueltas en mi cabeza. Al día siguiente, la policía vino a tomarme declaración. Una vecina había visto parte de lo sucedido y llamó a emergencias al verme flotando inconsciente. Gracias a ella, estaba viva.

"¿Quieren denunciar?", preguntó la agente.

"Sí", respondí sin dudarlo. "Contra los dos". Los días siguientes fueron un infierno. Javier no apareció en el hospital. Solo recibí un mensaje suyo: "Tú te lo buscaste". Esa frase confirmó que el hombre que amaba estaba muerto para mí.

Con la ayuda de una trabajadora social, conseguí un abogado. El caso avanzaba lentamente, pero yo me centraba en recuperarme. Físicamente, las heridas sanarían. Mi alma... esa era otra historia. Mis padres vinieron desde Sevilla para apoyarme. Lloraron conmigo, me abrazaron y me prometieron que no estaría sola.

Durante el juicio, Javier intentó negarlo todo. Dijo que fue "un accidente" y que su madre solo intentaba defenderlo. Pero las fotos, los testimonios y los informes médicos hablaban por sí solos. Carmen fue condenada por agresión con agravantes y homicidio involuntario. Javier recibió una pena menor por omisión de socorro.

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.