Lo cierto es que los hábitos pequeños tienen el poder de influir en cómo vivimos el resto del día. Realizar una acción tan simple como acomodar la cama puede generar una sensación inmediata de logro, de control sobre el entorno, e incluso de motivación para seguir cumpliendo metas. Esa fue precisamente la idea que el almirante William H. McRaven transmitió en su conocido discurso ante la Universidad de Texas, donde explicó que empezar el día completando una tarea, por más sencilla que sea, ayuda a construir una mentalidad disciplinada y resiliente.
Entonces, ¿hacer o no hacer la cama? No hay una única respuesta correcta. Todo depende de las razones detrás del comportamiento. Si tu cama deshecha es parte de una vida relajada y creativa, no hay mayor problema. Pero si se combina con apatía, caos o falta de energía, puede ser una señal para prestar más atención a tu bienestar mental.
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