«No soy apta para ningún hombre», dijo la mujer obesa, «pero puedo amar a tus hijos». El vaquero ..

La boda fue sencilla: promesas temblorosas, manos apretadas, tres niños abrazándoles las piernas. Y cuando el pastor dijo “amén”, Emilia susurró como quien cierra una herida:

—Ahora sí… ya no se va nadie.

Meses después, el rancho olía a pan y a tierra mojada. El huerto volvió a dar tomates. Lupita se dormía tranquila. Tomás hacía tareas riéndose. Emilia volvió a ser niña, a ratos, lo suficiente.

Una tarde, Santiago encontró a Rocío en el porche, mirando el atardecer.

—¿Sabes qué me da risa? —dijo él—. Que llegaste creyendo que no eras apta.

Rocío apoyó la cabeza en su hombro.

—No era apta para un hombre que buscaba “buen porte”. Pero sí… sí era apta para ustedes.

Santiago le besó la frente.

—Eras apta para el amor. Solo necesitabas que alguien te lo demostrara.

Y adentro, tres voces chiquitas —por primera vez sin miedo— gritaron al mismo tiempo:

—¡Mamá Rocío, ven! ¡Ya está la cena!

Rocío se levantó, sonrió, y entró a la casa como quien entra, por fin, a su propio lugar en el mundo.

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.