«No soy apta para ningún hombre», dijo la mujer obesa, «pero puedo amar a tus hijos». El vaquero ..

—Yo no soy “todas”.

—Eso mismo dijo la anterior —respondió Emilia sin pestañear.

Rocío sintió un filo en la garganta. Cinco mujeres en cuatro meses, pensó. No era raro que esos niños parecieran fantasmas.

—No tienes que creerme —dijo Rocío—. Solo déjame intentar.

Esa primera noche Rocío se plantó frente a la montaña de trastes. Se remangó y se puso a lavar. Una hora después, Santiago entró del granero y se quedó en la puerta viendo la cocina limpia, el piso barrido, los platos secándose.

—No tenías que hacerlo.

—Lo sé. Pero… si paro, pienso demasiado.

Santiago tomó un trapo y empezó a secar platos a su lado. Trabajaron en silencio, codo a codo. Cuando terminaron, él hizo café y le puso una taza enfrente sin preguntar. En esa casa rota, ese gesto se sintió como pan caliente.

Las semanas trajeron cambios chiquitos, milagros de diario. Lupita dejó de sobresaltarse cuando Rocío la alzaba. Tomás empezó a seguirla con curiosidad, como si el mundo otra vez fuera seguro. Emilia… Emilia seguía con su muro.

Una mañana Rocío la encontró en el gallinero tratando de arreglar un nido con un martillo demasiado grande.

—¿Te ayudo?

—No necesito ayuda.

Emilia falló el clavo, se pegó en el dedo y soltó un jadeo, pero no lloró. Rocío se agachó.

—Tu mamá te enseñó a cuidar las cosas, ¿verdad?

La cara de Emilia se endureció.

—No hable de mi mamá.

Rocío bajó la voz.

—Te enseñó bien. Eres fuerte. Pero tienes ocho años. No deberías cargar todo sola.

Emilia tragó saliva.

—Soy la mayor. Es mi trabajo.

—¿Y si no? ¿Y si alguien te ayuda a cargar?

La niña la miró con esos ojos viejos.

—¿Por qué lo harías tú?

Rocío no adornó la respuesta.

—Porque tú también mereces que te cuiden.

Algo tembló en la cara de Emilia. No se rompió, pero se movió.

Esa tarde Emilia llegó a la cocina.

—A Tomás le gustan los huevos revueltos… pero no aguados. A mí me salen feos.

Rocío sonrió, como si Emilia le hubiera dado un regalo.

—Enséñame.

Y por primera vez Emilia sonrió también. Chiquito. Inseguro. Real.

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.