Un nuevo vuelo, un nuevo comienzo
Un mes después, Malcolm abordó otro vuelo, esta vez a Oslo.
Al subir a primera clase, un nuevo piloto sonrió, extendió la mano y dijo con sinceridad:
Bienvenido a bordo, Sr. Reeves. Es un honor tenerlo con nosotros.
Malcolm sonrió levemente al sentarse. Afuera, el cielo era de un tenue color plata, y los motores zumbaban como un trueno lejano.
Sabía que un solo vuelo no cambiaría el mundo.
Pero había iniciado algo, y a veces, eso bastaba.
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