Vestía pulcramente. Su rostro era serio, pero sus ojos sinceros. Patricia siempre había sido la que trabajaba en silencio detrás de escena, leal y cautelosa. Colocó un grueso expediente sobre la mesa. Su voz era baja y firme. Jefe, la he estado vigilando durante mucho tiempo. Esto es lo que puede salvaros a ambos.
Ricardo levantó la vista, sus ojos tensos. ¿Qué encontraste? Patricia no respondió de inmediato, simplemente empujó el expediente hacia él. y luego dijo lentamente, “Dentro hay nombres que nunca esperarías. Si decides abrirlo, todo cambiará. No habrá vuelta atrás.” Ricardo miró la portada del expediente. Su corazón latía con fuerza.
Su mano tembló ligeramente mientras se estiraba para abrirlo. Ricardo abrió el expediente que Patricia había puesto sobre la mesa. La primera página le nubló la vista. Las palabras eran claras. Carlos Robles. Su mano tembló ligeramente. Carlos, el hermano de Laura, su difunta exesposa, un hombre que Ricardo había visto raramente debido a la distancia familiar después del funeral.
Nunca había imaginado que Carlos aparecería en este expediente. Patricia bajó la voz. Deberías reunirte con él. Carlos ha sido testigo de más de lo que crees. Ricardo no dudó. Esa tarde, en la tranquila sala de estar entró Carlos Robles. Era un hombre de mediana edad, alto y delgado, con un rostro curtido. El tiempo había grabado líneas en ese rostro.
Sus ojos profundos llevaban el dolor de haber perdido a su hermana y algo más. una furia que había sido reprimida durante demasiado tiempo. Carlos se sentó mirando directamente a Ricardo. Su voz era lenta. Me quedé en silencio porque pensé que protegerías a Sofía, pero hoy cuando vi ese artículo no pude soportarlo más.
Ricardo, es hora de que protejas a tu hija. Ricardo no dijo nada. Carlos continuó, su voz quebrándose más con cada palabra. La visité muchas veces. Vi a Elena empujar la silla de ruedas de Sofía a un rincón. La oí humillar a la niña. La llamó una carga, una mocosa sin madre, una maldición que trae desgracia. Cada vez Sofía lo soportaba en silencio. Nunca se atrevió a decírtelo.
Ricardo bajó la cabeza. Las palabras de Carlos se clavaron directamente en su corazón como cuchillas”, murmuró casi hablando para sí mismo. “¿Dónde estaba yo cuando todo eso sucedió?” Desde la escalera, Sofía observaba captando fragmentos de la conversación. Sus pequeños ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez no lloró en voz alta.
⬇️Para obtener más información, continúa en la página siguiente⬇️
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
