Niña Lloró y Suplicó: “Mamá, ¡Está Demasiado Caliente!” De Pronto, un Millonario Entró y Dijo…

La batalla por la justicia casi había terminado, pero la lucha de Sofía por la fe acababa de comenzar. Temprano en la mañana, Ricardo le puso un abrigo a Sofía y empujó su silla de ruedas por el silencioso pasillo. Patricia caminó delante para abrir la puerta trasera, recordándole suavemente que respirara de manera constante, tal como el médico le había indicado.

Sofía asintió, apretó con más fuerza el reposabrazos y mantuvo la vista al frente. Pasaron por el garaje, tomaron el ascensor de servicio y evitaron la fila de cámaras que esperaban afuera. Dentro de la sala del tribunal, la jueza ya estaba sentada en lo alto del estrado con expresión tranquila. La secretaria del tribunal revisó la lista y dio unos golpecitos en su cuaderno. Los agentes de seguridad escoltaron a los acusados.

El tintineo de las esposas era apagado, pero firme. Elena mantenía la barbilla alta, aunque sus ojos se movían nerviosamente. Clara intentaba parecer compuesta. Marcos estaba un poco detrás con los hombros encogidos. Ricardo puso la mano sobre el hombro de Sofía, indicándole que estaba allí mismo. Ella respiró hondo y asintió levemente.

Carlos estaba sentado en la sección de testigos con las manos entrelazadas. Isabel se sentó a su lado acunando la carpeta de bocetos de Sofía como si fuera algo frágil. El mazo golpeó tres veces. La voz de la jueza era baja y firme, sin una sola palabra de más. Después de revisar la evidencia fotográfica, los testimonios de los testigos y los argumentos presentados, el tribunal dictamina lo siguiente.

Elena es declarada culpable de abuso infantil, difamación y conspiración para fabricar información. Clara y Marcos son declarados cómplices de difamación y ocultación de pruebas. Todas las personas vinculadas a la campaña de desprestigio serán consideradas responsables ante la ley.

Cada uno es sentenciado a varios años de prisión junto con una orden de no contacto con la víctima. Un murmullo se levantó y rápidamente se apagó. Una periodista de un periódico importante tecleó un titular en su portátil allí mismo en la sala del tribunal. Justicia para la niña Valdivia. La secretaria entregó documentos a los guardias, sus movimientos enérgicos. Las esposas se cerraron de golpe.

Elena giró la cabeza y le dedicó a Ricardo una última sonrisa fina, frágil y seca. Nadie se la devolvió. La jueza se inclinó hacia delante, sus ojos encontrándose con los de Sofía. no dijo nada más, solo asintió levemente. Sofía respondió con la más mínima mirada, como un gracias que no podía ser pronunciado en voz alta.

El mazo golpeó de nuevo cerrando la sesión. En los escalones laterales, Ricardo detuvo la silla de ruedas. Se arrodilló para estar a la altura de su hija, colocando ambas manos sobre las de ella, cálidas y firmes. A partir de ahora, solo somos nosotros dos.

 

 

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