Todos los ojos se volvieron hacia ella. Se escuchó un débil chirrido. Luego la imagen se enfocó. Una escalera de piedra frente a la mansión Valdivia. Sofía sentada en una silla de ruedas con la cabeza gacha. Apareció Elena, su rostro ardiendo de ira. Luego la imagen fue demasiado clara para negarla. Ambas manos empujaron hacia delante con fuerza.
La silla de ruedas se tambaleó y Sofía fue arrojada por las escaleras. El grito desgarrador de Sofía resonó en la sala, dejando a la sala helada. Luego vino el soyoso del niño, tembloroso y crudo, rompiendo el silencio. El público jadeó al unísono desde las filas traseras, algunas voces estallaron, incapaces de contenerse.
Oh, Dios mío, qué cruel. una niña discapacitada y aún así hizo eso. Un joven periodista con el pelo desordenado sentado en la primera fila, bajó la cara hacia su portátil, los dedos volando por el teclado. En su pantalla, el titular comenzaba a tomar forma en negrita. La malvada madrastra desenmascarada.
Valdivia no se quedará callado. Elena se puso de pie de un salto con los ojos desorbitados. Su voz, un grito agudo. Mentiras, todo editado. Están conspirando para destruirme. Clara agarró la mano de su hermana, su rostro rígido. Intentó hablar, pero su voz temblaba incontrolablemente. Mi hermana, ella solo intentaba disciplinarla.
La niña fue insolente, necesitaba ser corregida. Sus palabras se disolvieron en la creciente tormenta de susurros de enojo. Marcos fue diferente. Bajó la cabeza, los dedos entrelazados con fuerza, el sudor goteando por su frente. Cuando se atrevió a mirar la pantalla, se estremeció. El tono burlón que siempre llevaba había desaparecido, reemplazado por un miedo que se le alojó en la garganta.
La mano de Ricardo se cerró firmemente sobre la de Sofía. Se inclinó. su voz, pero firme. Ya no estás sola. Ahora estoy aquí. Sofía miró a su padre. Las lágrimas seguían cayendo, pero sus ojos ya no contenían solo pánico. En el fondo, un extraño sentimiento se agitó. Una frágil sensación de alivio mezclada con temblor. El mazo golpeó.
La jueza habló con firme acero en su tono, cada palabra cayendo como una orden. Basta. Basado en la evidencia en video y el testimonio de los testigos, ordeno que Elena, Clara y Marcos sean detenidos en espera de un juicio posterior por cargos de abuso infantil, difamación y fabricación mediática. La sala tembló.
Oficiales de seguridad con uniformes negros avanzaron rápidamente. El chasquido metálico de las esposas resonó al cerrarse alrededor de las muñecas de Elena. No, no pueden hacerme esto. Yo soy la víctima, gritó Elena agitándose salvajemente, pero ya nadie le creía. Clara bajó la cabeza, sus ojos inyectados en sangre. Marcos tartamudió. Encontraremos otra manera, ¿verdad? Pero nadie respondió.
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