Creía firmemente en la promesa de matrimonio que hicieron. Finalmente, una noche, Marcus la descubrió con otro hombre. El dolor fue profundo, insoportable. decidió divorciarse inmediatamente, sabiendo que la persona que él creía amar solo veía en él una fuente de ingresos. El día del divorcio llegó en la sala del juzgado, mientras Marcus firmaba en silencio los papeles, Daniela lo miró con una sonrisa burlona y dijo en voz alta para que todos escucharan, “Por fin me libraré de ti.
Jamás debí casarme con alguien como tú. Nunca fuiste digno de mí. ¿Realmente creíste que alguien podría amarte de verdad siendo quién eres? Solo estaba contigo por tu dinero. Eres patético. Marcus mantuvo la calma, aunque las palabras lo atravesaron profundamente. El juez hizo una pausa mirando severamente a Daniela. Antes de que pudiera decir algo más, Daniela estalló en carcajadas burlonas y humillantes, apuntando directamente a Marcus. ¿Qué pasa, Marcus? ¿Esperabas algún milagro? ¿Acaso pensaste que alguien aquí se pondría de tu lado?
Gritó con desprecio. Y eres un maldito negro que jamás debió salir de la miseria de donde vino. Porquería. Y creíste que porque vestías trajes caros y tenías dinero, podrías ocultar lo que eres realmente? Marcus respiraba lentamente, apretando los puños con firmeza bajo la mesa, intentando contener el torrente de emociones que le quemaban por dentro. Solo pensaba, “¿Cómo pude estar tantos años con una persona que me desprecia de esta maneras?” Daniela continuaba sin detenerse, alimentada por su propio odio y arrogancia.
“Escúchame bien, basura”, continuó Daniela. “Todo este tiempo tuve que fingir tolerarte. Me daba asco cada vez que te tocaba, cada vez que me mirabas. Solo estuve contigo por tu dinero y ahora que al fin te deshago de ti, te lo digo claramente frente a todos. Jamás serás nadie, Marcus. Jamás serás suficiente porque siempre serás un negro insignificante. Marcus levantó lentamente su mirada hacia Daniela. Sus ojos estaban aguados, llenos de un profundo dolor. Su voz quebrada, casi un susurro, rompió el incómodo silencio.
Daniela, todo este tiempo juntos no significó absolutamente nada para ti. De verdad, ni un solo momento fue real. Marcus hizo una pausa intentando controlar sus emociones. Tengo una sola pregunta. ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo me estabas engañando? Daniela giró lentamente la cabeza hacia él, una sonrisa fría y cruel curvándose en sus labios. Sin ningún tipo de arrepentimiento en su rostro, contestó con desdén. ¿Quieres la verdad, Marcus? Desde el primer día que estuve contigo, no sentí nada más que asco.
Jamás significaste algo real para mí. Cada caricia, cada beso, cada abrazo tuyo me hacía sentir repulsión. Y sí, te fui infiel desde el principio y no con uno solo, sino con muchos hombres que sí eran dignos de mí. Marcus sintió como cada palabra de Daniela lo destruía por dentro. Aún así, se aferró a una mínima esperanza y preguntó, “¿Por qué, Daniela? ¿Por qué me hiciste creer que me amabas todo este tiempo? tan miserable fui para ti. Daniela río sarcásticamente antes de responder con dureza, elevando aún más el tono para que todos la escucharan claramente.
¿Por qué? ¿Quieres saber por qué? Porque jamás pudiste satisfacerme, Marcus. E jamás. Tu sola presencia me daba náuseas. Buscaba en otros lo que tú, con tu asquerosa piel, jamás podrías darme. Tú jamás supiste cómo complacer a una mujer como yo. Necesitaba hombres de verdad, no un negro patético y débil como tú. Las lágrimas rodaron silenciosamente por el rostro de Marcus mientras escuchaba aquellas palabras y dientes. Intentaba comprender cómo pudo haberse equivocado tanto al confiar su corazón en alguien tan cruel.
Marcus intentó respirar profundamente y miró fijamente a Daniela, preguntándole con la última gota de esperanza que quedaba en él. “¿Nunca viste algo bueno en mí? Nunca, ni siquiera una sola vez sentiste algo verdadero?” Daniela, implacable y fría, respondió casi inmediatamente con una sonrisa venenosa. Nunca jamás vi algo más que tu dinero. Y ahora que finalmente termina esto, ya no tendré que fingir que me importa. Ahora todos saben exactamente lo que eres, una basura que jamás debió salir del agujero de miseria de donde vino.
La sala permaneció en silencio absoluto. Todas las miradas estaban puestas en Marcus, quien parecía completamente destrozado. Nadie imaginaba que aún faltaba algo más por descubrir en aquella sala. El juez tomó aire profundamente y alzó la voz con firmeza. Señora Daniela, ahora es mi turno de hablar y será mejor que escuche muy atentamente lo que voy a decir. Daniela, aún con los brazos cruzados y esa expresión de superioridad impresa en su rostro, miraba con aburrimiento hacia el estrado, sin saber que estaba a punto de dejar de controlar la escena.
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