De repente, la puerta se abrió de golpe y dos enfermeras entraron corriendo, gritando para pedir seguridad. Lena retrocedió, respirando con dificultad y con el rostro desencajado por la ira. Una enfermera se interpuso entre nosotras mientras la otra me revisaba rápidamente las constantes vitales.
Luego todo quedó en silencio.
Se oyeron pasos pesados en el pasillo. Un hombre alto con traje oscuro entró: tranquilo, sereno y autoritario. Me miró primero, con la preocupación suavizando su mirada.
Luego se volvió hacia Lena.
Con voz baja y firme, dijo: “Quita tus manos de mi hija”.
Lena se quedó paralizada. Se le borró el color del rostro. "¿Tu... hija?"
En ese instante, todo cambió.
Miró a mi padre como si el suelo se hubiera desvanecido bajo sus pies. Mi padre, Robert Carter, entró en la habitación; su sola presencia hacía que el aire se sintiera más pesado.
Robert Carter no sólo fue mi padre: fue un hombre cuyo nombre inspiraba respeto, influencia y tolerancia cero ante la injusticia.
—Te pedí que dejaras a mi hija en paz —repitió con un tono tranquilo pero inequívocamente peligroso.
Seguridad llegó momentos después. Lena intentó protestar, perdida la confianza. "No sabía que era tu hija. Esto es un asunto privado. Daniel me quiere..."
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
