—¿Qué?
—Se marchó hace dos semanas. Abandonó a los niños.
El corazón de Clara dio un salto involuntario.
—¿Por qué?
Mercedes apretó las manos.
—Porque ser madre no era parte del plan. Solo quería asegurarse un futuro… y cuando Javier se negó a casarse, desapareció.
Silencio.
—No entiendo qué tiene que ver conmigo —dijo Clara con cautela.
Mercedes levantó la vista.
Y por primera vez, Clara vio miedo real.
—Los gemelos están enfermos.
Clara sintió un escalofrío.
—¿Enfermos?
—Necesitan un trasplante de médula. Y… —tragó saliva—. Nicolás es compatible.
El mundo pareció detenerse.
Clara abrazó instintivamente a su hijo.
—No.
Mercedes habló rápido.
—No es peligroso. Solo una donación. Y salvaría sus vidas.
Clara se levantó.
—Son hijos de Javier, no míos.
—Pero Nicolás es su hermano.
—Y yo soy su madre.
El silencio cayó pesado.
Mercedes se levantó también, y entonces ocurrió algo que Clara jamás imaginó:
La mujer orgullosa, dominante, la que compraba silencios con dinero…
Se quebró.
—Por favor.
Dos palabras.
Nada más.
Pero cargadas de desesperación.
—Eres la única que puede arreglar esto.
Clara sintió una tormenta dentro.
Rabia.
Dolor.
Recuerdos.
Humillación.
Y, aun así…
Dos bebés.
Inocentes.
No tenían culpa de nada.
Miró a Nicolás, dormido contra su hombro.
Pensó en si algún día alguien podría salvarlo a él.
Respiró hondo.
—Lo haré.
Mercedes dejó escapar un sollozo contenido.
Pero Clara añadió:
—Con mis condiciones.
La suegra levantó la vista.
—Primero: yo decido cuándo y cómo. Segundo: Javier no se acerca a mi hijo. Tercero: después de esto, desaparecen de nuestras vidas.
Mercedes dudó.
Y luego asintió.
—Acepto.
El proceso fue rápido.
Clara viajó a Madrid solo el tiempo necesario.
No permitió visitas innecesarias.
No habló con Javier más de lo imprescindible.
Y cuando vio a los gemelos por primera vez, sintió algo inesperado.
Eran pequeños.
Frágiles.
Parecidos a Nicolás.
Y entendió que, aunque su historia hubiera sido un desastre, esos niños no tenían la culpa.
La donación salió bien.
Los médicos confirmaron que el trasplante tenía grandes probabilidades de éxito.
Mercedes intentó darle un cheque antes de irse.
Clara lo rechazó.
—No hice esto por ustedes.
—Lo sé —respondió la mujer en voz baja.
Antes de marcharse, Javier intentó detenerla.
—Clara… gracias.
Ella lo miró.
Y, por primera vez, no sintió nada.
Ni amor.
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