Un taxi llegó por mí. El chofer subió mi maleta.
—¿A dónde la llevo, señora?
—Al Residencial Las Lomas —respondí en voz alta para que escucharan—. Compré un departamento precioso, con calefacción y sin goteras. Y lo mejor… sin huéspedes.
Los dejé ahí, en la banqueta, rodeados de sus aparatos de gimnasio y viendo cómo la casa que despreciaron, pero de la que se aprovecharon, dejaba de ser suya para siempre.
Hoy me desperté en sábanas de hilo, calientita. Me dicen que Esteban está viviendo en casa de su suegra, durmiendo en el sofá. Patricia lo dejó a la semana porque “un hombre sin casa no sirve”.
El ladrillo se compra, pero la lealtad no. Y ellos acaban de aprender que quien siembra desprecio en el techo ajeno, termina durmiendo a la intemperie.
¿Creen que fui demasiado dura al dejarlos sin techo de un día para otro, o se merecían esa lección por haberme humillado?
La vejez se respeta, y la propiedad privada también. Síguenos para más historias de justicia divina.
GIMNASIO’. NO SABÍAN QUE AYER VENDÍ LA CASA CON ELLOS ADENTRO
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
