Hoy, nuestro camino de sanación continúa, guiado por la esperanza en lugar de la incertidumbre. El regreso de Caleb nos recordó que la compasión puede surgir en los lugares más inesperados y que los pequeños actos de bondad pueden transformar vidas. Y lo más importante, nos enseñó a valorar cada momento con nuestros seres queridos. A veces, los mayores regalos provienen de personas comunes que eligen hacer lo correcto, y su bondad deja una huella imborrable en todos los que conocen.
