—No estoy preparada para llamarte mamá —dijo en voz baja.
Las palabras dolieron, pero fueron sinceras.
—Entonces llámame Cassidy —dije—. Con eso me basta.
Durante veinte años, creí que Egipto se había llevado a mi hija. Pero fue una mentira lo que me la arrebató. Y finalmente, la verdad trajo de vuelta a Tara a mi mesa.
