Luego, un golpe seco contra la puerta. No lo suficientemente fuerte para romperla. Lo justo para intimidar.
—No sabes lo que estás provocando —dijo.
Oh, sí lo sabía.
Mientras hablaba, envié un mensaje con una sola palabra a un contacto que no usaba desde mi jubilación: “Ahora”.
Pasaron segundos eternos. Leo respiraba al otro lado. Yo contaba mentalmente.
Uno.
Dos.
Tres.
A lo lejos, una sirena.
No sabía si era para nosotros. No sabía si llegaría a tiempo. Tampoco sabía si Leo huiría… o cruzaría una línea de la que ya no habría vuelta atrás.
Apreté el teléfono con fuerza.
Porque esta vez, no había margen de error.
Y la próxima decisión —la suya o la mía— lo cambiaría todo.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
