MI HERMANA SE EMBARAZÓ DE MI ESPOSO MIENTRAS YO LUCHABA CONTRA EL CÁNCER Y MI MADRE ME PIDIÓ QUE LE CEDIERA MI CASA “POR EL BIEN DEL BEBÉ

MI HERMANA SE EMBARAZÓ DE MI ESPOSO MIENTRAS YO LUCHABA CONTRA EL CÁNCER Y MI MADRE ME PIDIÓ QUE LE CEDIERA MI CASA “POR EL BIEN DEL BEBÉ

Dicen que la enfermedad es la prueba de fuego de cualquier relación, el momento en que se separan los que te aman de los que solo te toleran. Yo descubrí que mi fuego no solo quemó mi salud, sino que redujo a cenizas la mentira que yo llamaba “familia”.

Me llamo Isabel. Hace dos años, me diagnosticaron un linfoma agresivo. Tenía 32 años, una carrera exitosa como abogada y un matrimonio que yo creía perfecto con Sergio. Cuando el médico pronunció la palabra “cáncer”, Sergio me abrazó y prometió que lucharíamos juntos.

Mentira.

El tratamiento fue brutal. Perdí mi cabello, perdí quince kilos y, en muchos momentos, perdí las ganas de vivir. Pasé meses ingresada en el hospital, aislada, débil. Durante ese tiempo, mi hermana menor, Paola, se convirtió en un ángel guardián… o eso creía yo. Paola siempre había sido la consentida de mi madre, la “niña bonita” que nunca terminaba lo que empezaba, pero que siempre era perdonada. Yo era la fuerte, la proveedora.

Paola se ofreció a cuidar de Sergio y de mi casa mientras yo estaba internada. “Para que no te preocupes por nada, hermanita”, me decía, tomándome la mano con sus uñas perfectas mientras yo apenas podía sostener un vaso de agua. Mi madre, Carmen, aplaudía el gesto: “Mira qué buena es tu hermana, Isabel. Deberías estarle agradecida”.

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