Hace seis años, el día que debería haber sido el más feliz de mi vida se convirtió en el comienzo de mi mayor traición.
Mi nombre es Rebeca Moreno, y estaba a punto de casarme con Nicolás Álvarez, un empresario exitoso, admirado por todos, el hombre que prometió construir una familia conmigo.
Mi hermana menor, Estefanía, siempre había vivido a mi sombra. Yo era la responsable, la discreta, la que nunca pedía nada. Ella, en cambio, brillaba, exigía atención y nunca aceptaba un "no" por respuesta.
Nunca imaginé que ella me quitaría al hombre que amaba.
Todo sucedió en silencio. Miradas, mensajes ocultos, encuentros inocentes. Hasta que un día, Nicolás me confesó la verdad con una frialdad que jamás olvidaré.
“Lo siento, Rebeca… me enamoré de Estefanía.”
Ninguna disculpa pudo reparar el daño. Perdí a mi prometido. Perdí a mi hermana. Y, en cierto modo, también perdí a mi madre, Elena, quien siempre insistía en que «la familia debe perdonar».
Me fui de Sevilla a Barcelona, decidida a empezar de cero. Me entregué por completo a mi trabajo como arquitecta, desarrollando proyectos, edificios… y una vida donde el amor quedaba al margen. Aprendí a estar sola. Aprendí a no necesitar.
Seis años después, regresé a Sevilla por un único motivo: el funeral de mi madre.
El aire en la iglesia estaba cargado de recuerdos y silencios sin resolver. Vestía de negro, sereno, listo para despedirme sin recriminaciones. Hasta que se abrió la puerta.
