A veces, regresan cuando tu cuenta bancaria finalmente te hace visible.
A veces llaman noventa y una veces y confunden la persistencia con el amor.
Que llamen.
Que llamen a la puerta.
Déjalos parados afuera de la puerta que te enseñaron a cerrar.
Y cuando te pregunten qué ha cambiado, diles la verdad.
Nada cambió.
Finalmente comprendiste que el candado era tuyo.
EL FIN
