Mi esposo recibió un regalo de Navidad de su primer amor y, cuando lo abrió frente a nosotros, dijo: “Tengo que irme”, con lágrimas en los ojos.

"No", dije con sinceridad. “No elegiste esto. Pero estás eligiendo lo que sucederá después, y eso es lo que importa”.

Respaldó su cabeza en mi hombro. “Te amo”.

“Lo sé”, dije.

Y lo hice.

A veces el amor es complicado. No llega bien envuelto. A veces aparece sin avisar y lo pone todo patas arriba. Pero a veces, el amor también parece una segunda oportunidad, incluso una que nunca pediste.

Esa Navidad me enseñó que a la vida no le importan los planes bien hechos. Te dará una bola curva envuelta en papel color crema y lo cambiará todo.

Y si tienes suerte, también puede darte alguien nuevo a quien amar.

Y la tuve.

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