Mi Esposo Me Abandonó en el Aeropuerto Cuando el Perro Policía Me Atacó. Horas Después, Descubrí Que Esa “Bestia” Había Salvado Mi Vida y la de Mi Bebé de un Destino Atroz.

Llegaron al control de seguridad. Jimena colocó su bolso en la cinta transportadora y se preparó para pasar. Fue entonces cuando sucedió.

De la nada, un perro de la unidad antinarcóticos se soltó de la correa floja de su adiestrador y corrió directamente hacia ella. No fue un acercamiento amistoso. Roco, el pastor alemán, se plantó frente a su vientre abultado y comenzó a ladrar con una ferocidad que heló la sangre de todos los presentes.

—¡Quieta! ¡No se mueva! —gritó el oficial Vargas, un hombre corpulento que puso la mano sobre su arma.

Jimena levantó las manos, temblando violentamente. El perro no dejaba de ladrar, sus ojos fijos en el costado derecho de su abdomen, allí donde el vestido holgado ocultaba algo más que su embarazo.


—Por favor, quítenmelo. ¡Estoy embarazada! Me va a atacar —suplicó Jimena, retrocediendo torpemente.

—¡Controlen a ese animal! —bramó Javier, acercándose, pero manteniéndose a una distancia prudente—. ¿Saben quién soy? ¡Perderemos nuestro vuelo!

El oficial Mendoza, el compañero de Vargas y manejador del perro, corrió hacia Roco. —¡Roco, quieto! ¡Sitz! —ordenó. El perro obedeció a medias, sentándose, pero sin dejar de gruñirle al vientre de Jimena. Mendoza, un hombre con ojos agudos y honestos, miró a la mujer.

—Señora, el perro ha marcado algo. ¿Lleva usted alguna sustancia ilegal, explosivos o alimentos no permitidos?

—¡No! ¡Claro que no! Soy profesora de literatura jubilada, por Dios. Solo llevo mi ropa y… y mis medicinas.

—¿Qué medicinas? —insistió Mendoza, notando cómo la mujer protegía instintivamente su costado.

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