Marina, necesito otro favor. Revisa las cámaras de seguridad del hotel de las últimas semanas. Específicamente, busca si el señor Domínguez ha estado aquí sin mi conocimiento. Señora Valeria, ¿está todo bien? No, Marina, no está nada bien, pero lo estará. Hazme ese favor y llámame en cuanto tengas información. Colgé y me recosté en mi silla. El dolor inicial estaba dando paso a una furia fría y calculada. 15 años de matrimonio, 15 años de aguantar los desprecios de su familia.
de sacrificar mi deseo de ser madre para proteger su ego, de construir un imperio mientras él se sentía empequeñecido por mi éxito y así me pagaba. Mi teléfono sonó. Era Marina. Señora Valeria, revisé las grabaciones. El señor Domínguez ha estado aquí tres veces en las últimas dos semanas. Siempre entra por la entrada lateral, la que da al estacionamiento y siempre viene acompañado de la misma mujer. Morena, alta de unos 30 años. Natasa Villareal. Sí, coincide con la descripción del registro.
Señora, en una de las grabaciones se les ve muy cercanos. Entiendo, Marina, guarda todas esas grabaciones. Y una cosa más. Quiero que cambies la reservación de la suite, que aparezca como cancelada por falta de pago. Pero señora, hazlo. Y Marina, esto queda entre nosotras por ahora. Por supuesto, señora Valeria, lamento mucho. No lo lamentes. Solo ayúdame a hacer lo que tengo que hacer. Esa noche, Ricardo llegó a casa a las 10, como había sido su costumbre en las últimas semanas.
Yo estaba en la sala con una copa de vino en la mano aparentando ver televisión. “Hola amor”, dijo dándome un beso superficial en la mejilla. “¿Cómo estuvo tu día?” La hipocresía de su saludo casual me revolvió el estómago, pero mantuve la compostura. Bien, lo usual. ¿Y el tuyo? ¿Cómo va ese proyecto tan importante? Agotador, respondió aflojándose la corbata. Pero ya casi termina este fin de semana. Por fin podré descansar un poco. Este fin de semana. La boda era este fin de semana y él actuaba como si nada.
Qué bueno dije tomando un sorbo de vino. ¿Tienes planes? Vi un destello de algo. Culpa. Nerviosismo. Cruzar su rostro antes de responder. Nada especial. Tal vez ir al club con Miguel. ¿Y tú? Tengo que trabajar, mentí siguiendo su juego. Hay un evento importante en el hotel, siempre trabajando. Dijo con un suspiro teatral. A veces me pregunto si ese hotel es más importante para ti que tu familia. La ironía de su comentario. Era tan amarga que casi me ahogo con el vino
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