Mi abuela me regaló un hotel de lujo de 150 millones de dólares; mi suegra y mi marido declararon inmediatamente: “Mañana nos apoderamos del hotel. Si te niegas, solicitamos el divorcio”. Mi abuela se echó a reír y

La sonrisa de Patricia desapareció.

Ethan bajó lentamente el teléfono.

—¿Ciento cincuenta millones? —susurró.

Pero no parecía orgulloso de Madison.

Parecía hambriento.

Esa misma noche, al regresar a la mansión en Lake Forest, Patricia anunció de inmediato que ella y Ethan tomarían el control del hotel.

Madison sujetaba la carpeta con fuerza.

"No."

Patricia parpadeó. "¿Perdón?"

“Dije que no. Mi abuela me regaló el hotel.”

El rostro de Ethan se ensombreció.

“No sabes cómo dirigir un negocio.”

“Entonces aprenderé.”

Patricia rió fríamente.

“Tu función era administrar un hogar, no una empresa.”

Por primera vez, el miedo de Madison se quebró.

“Ahora es mía”, dijo. “Así que yo tomo las decisiones”.

Ethan golpeó la mesa con la mano.

“Entonces nos divorciaremos.”

Patricia se puso de pie inmediatamente.

“Y puedes irte de esta casa esta noche.”

Antes de que Madison pudiera responder, la puerta principal se abrió.

Eleanor entró acompañada de dos hombres vestidos de traje negro.

Miró a Patricia, luego a Ethan, y rió suavemente.

—Qué interesante —dijo—. Están echando a la dueña de su propia casa.

PARTE 2: La verdad sale a la luz

Patricia se quedó boquiabierta.

—¿De qué estás hablando? —espetó—. Esta casa pertenece a mi hijo.

Eleanor recorrió lentamente la sala de estar, observando los costosos muebles, las lámparas de araña y las obras de arte que a Patricia le encantaba exhibir.