—¿La empresa? ¿O tú?
Intentó convencerme, ofreció devolverme el cargo, incluso ascenderme. Solo sonreí:
—No, Ramón. Ya no hay vuelta atrás.
Colgué.
Al día siguiente llegó Álvaro, el chico de sistemas.
—María, él entró anoche a los servidores para borrar evidencias. Pero hice copias espejo. Lo tenemos todo. Incluso correos con sobornos y transferencias a cuentas en paraísos fiscales.
Me llevé la mano a la frente. Era el golpe definitivo.
Y entonces apareció Lucía, la “nueva energía”, en mi casa. Traía una de las rosas ya marchita y lágrimas en los ojos.
—Perdóneme, María. Yo no sabía nada… Hoy me quiso obligar a firmar un informe falso para los inversores. No puedo hacerlo. Ayúdeme.
La abracé y lo entendí: incluso en su supuesto “nuevo comienzo” ya había fisuras.
Dos días después, don Ramón presentó su dimisión “por motivos personales”. Los accionistas no se dejaron engañar. Una semana más tarde, me ofrecieron la dirección.
Entré de nuevo a la oficina. En todas las mesas aún estaban mis rosas, marchitas, pero presentes. Los compañeros aplaudieron. Yo levanté la mano:
—Basta. Tenemos trabajo. El verdadero futuro empieza ahora.
Ese día comprendí: me echaron por tener 55 años. Pero esos mismos 55 me habían dado la experiencia, la paciencia y la fortaleza para resistir, enfrentar y vencer. Ahora la juventud trabajaba a mi lado, aprendiendo de mí lo más valioso: cómo transformar una derrota en victoria.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
