—No, hijo. Porque ahora sé que el verdadero tesoro es la familia que ha aprendido a amar de nuevo después de la codicia.
A veces hay que perderlo todo para encontrar lo más importante: el amor humano.
El dinero puede comprar una casa, pero no puede comprar un hogar.
Y hay madres que, a pesar de ser traicionadas, aún así eligen perdonar, porque entienden que sólo el amor y la tolerancia pueden sanar una familia rota.
