Los médicos se rieron de la “nueva enfermera”… hasta que el comandante SEAL herido la saludó.
Los pasillos del Centro de Trauma San Judas, en la Ciudad de México, olían a desinfectante caro y a orgullo viejo. Ahí mandaban los médicos “top”: los que presumían sus diplomados en Boston, los que se tomaban selfies con bata impecable, los que hablaban de vidas humanas como si fueran casos para su currículum.
Cuando Sofía Martínez entró por primera vez, nadie la confundió con una de ellos.
Llevaba unos scrubs azules que le quedaban grandes, como prestados. La mirada gris, apagada, como si hubiera aprendido a no mirar demasiado tiempo nada. Y una forma de moverse… rara: firme, pero con un peso que caía más en la pierna izquierda.
Los primeros días no la ignoraron. Se rieron.
—La muda —soltó un residente en el elevador, sin molestarse en bajar la voz.
—La muchacha de la limpieza —dijo otra enfermera, dejando el comentario flotando como chicle en el suelo.
—La demanda andando —remató el doctor Julián Tovar, estrella del hospital, cirujano de trauma y celebridad de redes, con sonrisita de quien cree que su mano derecha vale más que la vida de cualquiera.
En la sala de descanso de 4 Oeste, las risas eran a propósito: filosas, fuertes, para que se escucharan detrás del tablaroca.
—Le pedí una pinza y me pasó otra cosa… —bufó Tovar, recargado en su silla como rey—. Recursos Humanos de verdad está contratando lo que sea. Parece que se metió del paradero.
Yesenia Tovar, enfermera quirúrgica y hermana del doctor, revolvió su café con leche de avena como si la burla fuera azúcar.

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