El descubrimiento que hace temblar la tierra

Cuando finalmente vio a la joven que yacía allí, su mundo se paralizó. Esta paciente, vulnerable e inconsciente, no era otra que Béatrice , su expareja. La que había amado y que luego abandonó sin luchar, dejando tras de sí silencios y arrepentimientos no expresados.
En ese momento, el tiempo pareció detenerse. Los recuerdos volvieron a inundarla: planes abandonados, palabras no dichas, la ruptura abrupta. Y, sobre todo, una verdad se hizo innegablemente clara: el niño que llevaba dentro era suyo.
Cuando el deber se encuentra con el corazón
A pesar del impacto, Romain tuvo que contener sus emociones. No había lugar para la vacilación ni el remordimiento en ese momento decisivo. Tenía que actuar, mantenerse concentrado y cumplir su misión.
Los minutos fueron largos, tensos y llenos de ansiedad. Todo el equipo contuvo la respiración. Entonces, por fin, apareció una señal tranquilizadora. El bebé había nacido. Frágil, pero vivo. Un niño que cambiaría para siempre el orden establecido.
