Lloré mientras llevaba a mi esposo al aeropuerto, luego transferí 720.000 dólares y presenté la demanda de divorcio.

El saldo se redujo a cero.

Entonces llamé a mi abogado.

—Solicita el divorcio —dije.

“Y envíen la documentación a Miami, no a Londres.”

Dos horas después, Daniel llamó.

Su tarjeta de crédito había sido rechazada.

Su voz temblaba.

“¿Qué pasó con el dinero?”

—Lo moví —dije.

“¡Ese es nuestro dinero!”

—No —respondí—. Es mi herencia.

Silencio.

Entonces, pánico.

Luego, las excusas.

Entonces, disculpas.

Le dije que lo sabía todo.

El ático.

Olivia.

El bebé.