Elena ahora habla públicamente sobre el abuso económico. En silencio. Sin revelar nombres. Sobre el aislamiento, los contratos y el control. La escucho desde el público, orgullosa.
Después de una charla, una joven se le acercó y le dijo:
«Gracias. Hoy me di cuenta de que no exagero».
Ese fue el verdadero final.
No la casa. No el juicio. Sino esa sentencia.
Esto sucede con más frecuencia de lo que creemos. El abuso no siempre implica heridas. A veces es silencio, control y un felpudo.
Si conoces a alguien que vive esta realidad, no mires hacia otro lado.
Y si eres tú, no estás solo.
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