—Aquí nadie vuelve a humillar a nadie —dijo.
Emma corrió por los jardines.
Tomás miró la casa como quien recupera algo que siempre fue suyo.
Raquel no buscó venganza.
Buscó equilibrio.
Abrió la Hacienda a la comunidad.
Pagó sueldos justos.
Creó una escuela rural.
Un dispensario médico.
Y en la antigua choza, que Beatriz llamó “choza”, Raquel dejó una placa:
“Aquí empezó la verdad.
Aquí una madre sin nada descubrió que lo tenía todo.”
Porque la tierra no olvida.
Y la sangre tampoco.
A veces te dan ruinas para humillarte…
sin saber que están cavando el camino hacia tu trono.
