EL CHOQUE DEL RECONOCIMIENTO
Alejandro debería haber irrumpido, exigido respuestas y echado a todos.
En cambio, no pudo moverse.
Los perfiles de los chicos —uno se giró para reír, con la luz de la lámpara iluminándole el rostro— impactaron a Alejandro como un espejo deformado por el tiempo. La nariz. La sonrisa. La expresión. La familiaridad era aterradora.
La mansión era una fortaleza. Nadie entraba sin permiso. Sin embargo, allí estaban cuatro niños comiendo en su mesa como reyes ocultos: vivos, reales, riendo suavemente en una casa que había permanecido en silencio durante años.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
