A menudo pensamos que la herencia se mide en metros cuadrados o en cifras de una cuenta bancaria. Y luego están esos momentos en la vida que nos recuerdan que lo que realmente importa está en otra parte. A los 27 años, creía haber entendido mucho... hasta el día en que un sofá viejo y desgastado me enseñó lo que eran el verdadero amor, el sacrificio y la gratitud silenciosa.
Una abuela como refugio

Mi abuela Madeleine fue mi apoyo. Donde mi madre, Claire , estaba físicamente presente pero emocionalmente ausente, Madeleine era todo lo contrario. Se quedaba cuando las cosas dolían, escuchaba cuando nadie más lo hacía, amaba incondicionalmente y sin segundas intenciones. De niña, me refugiaba en su casa como en un capullo eterno, rodeada del aroma a lavanda y libros amarillentos.
