Poniendo lo esencial de nuevo en el centro

Tras este necesario descanso, Julien se centró en lo que realmente importaba: brindarles un hogar estable y cariñoso a Léa y Manon. Con la adopción formalizada, los tres empezaron a reencontrarse. Entre espaguetis cocidos a fuego lento, música a todo volumen y carcajadas espontáneas, la casa se fue llenando poco a poco de una nueva calidez.
La noche en que las niñas encendieron una vela en memoria de su madre, Julien comprendió que no tenía nada de qué arrepentirse. Necesitaban un pilar de apoyo, y él lo había sido. Sosteniendo sus pequeñas manos entre las suyas, esas palabras lo sellaron todo: «Sabíamos que nos elegirían».
A veces, la verdadera felicidad comienza cuando cierras para siempre la puerta a las pretensiones .
