El vestido.
El anillo.
El futuro que creía tener.
Todo se quedó en esa habitación con un hombre que nunca me amó, ni siquiera por un minuto
Y mientras salía a la calle vacía, con el viento alborotando mi velo, me susurré a mí misma:
“No merecía esto”
Por primera vez en horas, las lágrimas finalmente se detuvieron.
Pero el dolor persistió.
Y sabía que duraría mucho, mucho tiempo.
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