Una noche de bodas llena de miedo
Se supone que la noche de bodas es el momento más feliz de la vida de una mujer. Me senté frente al tocador, con el lápiz labial aún fresco, escuchando cómo la música y las risas del exterior se apagaban lentamente. La familia de mi esposo se había ido a sus habitaciones. La cámara nupcial era suntuosa, con una luz dorada brillando sobre cintas de seda roja. Sin embargo, mi corazón estaba intranquilo, agobiado por una extraña premonición.
Un golpe a la puerta
De repente, sonó un suave golpe. Me quedé paralizada. ¿Quién vendría a estas horas? Avancé, abrí un poco la puerta y vi la mirada ansiosa de la criada de toda la vida. Su voz temblaba al susurrar:
Si quieres vivir, cámbiate de ropa y sal por la puerta trasera ahora mismo. Date prisa, antes de que sea demasiado tarde.
Me quedé paralizada, con el corazón latiéndome con fuerza. Antes de que pudiera hablar, ella abrió los ojos de par en par y me pidió silencio. Su mirada era de una seriedad absoluta. Un escalofrío me recorrió mientras me aferraba a mi vestido de novia. En ese momento, oí los pasos de mi nuevo esposo acercándose.

