La charla se avivó cuando apareció un repartidor con una enorme cesta de regalo envuelta en oro brillante. Estaba repleta de ropa de bebé de diseño y un sonajero de plata. La tarjeta estaba firmada por Sophia, la antigua novia de Mark en el instituto.
Los ojos de Diane se iluminaron. "¡Todos, miren!", gritó. "¡De parte de Sophia! Una chica tan atenta, siempre tan generosa. Tiene un gusto exquisito. Una auténtica joya."
El significado estaba claro: Sophia era todo lo que Chloe no era.
La sonrisa de Chloe no flaqueó, pero su mano rozó el bolso que llevaba a un lado. Dentro había un sobre manila cerrado. Había contratado a un investigador privado. Tenía pruebas. Estaba esperando el momento oportuno.
Un nombre declarado
Tras abrir los regalos, Diane se puso de pie, golpeando su copa con un cuchillo. La multitud guardó silencio.
“Ahora que hemos visto estas cositas tan bonitas”, dijo con un gesto de desdén, “es hora del regalo más importante: el apellido familiar”. Miró solo a Mark. “He decidido, y sé que Mark estará de acuerdo, que el bebé se llamará Arthur, como su abuelo”.
No fue una sugerencia. Fue un decreto.
La mirada se volvió hacia Chloe. Respiró hondo. «Qué buena idea, Diane. Pero Mark y yo ya hemos elegido un nombre. Lo compartiremos cuando nazca nuestro hijo».
La negativa destrozó la fachada de Diane. Su rostro se retorció de furia.
El colapso
—¡No tienes ningún derecho! —susurró Diane—. ¡Ese bebé es un Harrington, mi nieto!
Y entonces, con un grito, se abalanzó sobre la mesa de regalos. En un ataque desenfrenado, tiró regalos y tarjetas al suelo. El papel de regalo se rasgó, las cajas se desmoronaron. Los invitados se quedaron boquiabiertos y retrocedieron.
Agarró un pesado jarrón de cristal, con los ojos encendidos. Con un grito furioso, lo arrojó contra la pared de ladrillos, a pocos metros de Chloe. El jarrón explotó en fragmentos brillantes.
Mark se abalanzó. "¡Mamá! ¡Para! ¿Qué haces?"
Pero Diane lo apartó de un empujón. "¡Quítate de mi camino! ¡Esta es la casa de mi hijo! ¡Te envenenó contra mí!"
El patio trasero se convirtió en un caos. Los invitados sacaron sus teléfonos. Los niños lloraron. Y en medio de todo, Chloe caminaba con paso firme, teléfono en mano.

La verdad revelada
No levantó la voz. No hacía falta. Presionó play.
En la pantalla aparecieron Diane y Sophia, sentadas en una pequeña mesa de café. Sophia le entregó un grueso sobre blanco. Diane lo tomó y lo guardó en su bolso.
—Simplemente mantén la presión —la voz de Diane resonó con claridad—. Es débil cuando se trata de ti. Una vez que nazca el bebé y Chloe esté agotada, volverá contigo. Solo necesitas estar preparada.
Mark se quedó paralizado. Su rostro palideció. Miró la pantalla y luego a la mujer que gritaba en el patio trasero. Las dos versiones de Diane se convirtieron en una.
Su voz, cuando llegó, era fría. «Mamá. Sal de mi casa. Ahora mismo».
Ella rió con amargura. "No te atreverías".
Mark negó con la cabeza, ahora firme. Sacó su teléfono y marcó el 911. "Sí. Quiero reportar un disturbio. Alguien está destruyendo mi casa y quiero presentar cargos".
