Contó cómo, después del bachillerato, se fue a la gran ciudad con tres mil rublos, el último dinero de su padre. Camarera, dependienta, cursos por correspondencia. Cinco años después, su primera tienda de cosméticos. Hoy, toda una red.
—¿Y Igor? —pregunté.
—Vino un año después. Me dijo: «Te lo prometí». Nos casamos. Estamos desarrollando el negocio juntos.
De vuelta en casa, lo repasé todo de nuevo. ¡Qué ciega había estado! La chica que creía perdida resultó ser la más fuerte. ¿Aquellas a las que idolatraba? Muchas han caído. Aliona, sin embargo, se ha convertido en un ejemplo de valentía.
Ahora lo entiendo: los profesores a menudo nos equivocamos. Juzgamos por las apariencias, por la ropa. Creemos que si un niño proviene de un entorno conflictivo, será "igual". Error. El carácter no se convierte en un traje. La fuerza no está en la cartera de los padres. Los diamantes más brillantes a veces se encuentran en el barro.
Aliona me perdonó no porque lo mereciera sino porque ella es mejor que yo.
Es una historia vergonzosa, pero útil. La vida es impredecible. Aquel que tachamos de la lista podría convertirse en nuestro maestro.
También aprendí que no hay vergüenza en pedir perdón. La vergüenza reside en no hacerlo cuando sabes que has lastimado a alguien.
Este encuentro me cambió. Ahora veo a mis alumnos de otra manera. Ya no los categorizo como "buenos" o "malos". Intento ver a la persona, no al término promedio.
Porque cada niño representa un futuro. Y cómo ese futuro se desarrolle depende en gran medida de nosotros: de nuestras palabras, nuestra fe, nuestro apoyo... o nuestra indiferencia.
Aliona no se amargó, no se quebró. Tomó su dolor y lo transformó en fuerza. Podría haberse rendido, como sus padres. No lo hizo.
Hoy, él es mi modelo a seguir. Un modelo de vida, de perdón, de seguir adelante a toda costa.
¿Y mis favoritos de siempre? Sveta está hospitalizada con cirrosis. Pacha ha vuelto a la cárcel. Natasha cría sola a sus hijos.
A veces pienso: ¿Qué habría pasado si la hubiera apoyado ese día? ¿Qué habría pasado si no la hubiera humillado, sino que le hubiera tendido la mano? Quizás otros habrían aprendido a respetar el carácter en lugar del origen.
No podemos cambiar el pasado. Lo importante es no repetir los mismos errores.
Hoy tengo una nueva clase de último año. Hay un chico llamado Danilka. Es de un orfanato. Va mal vestido, huele mal, tiene notas mediocres. Los demás lo evitan.
Pero ahora lo sé: quizás él sea el más fuerte de todos. Quizás él sea quien demuestre que el verdadero valor de una persona reside en su corazón y su voluntad.
Así que lo apoyo con cariño, sin exponerlo. Creo en él. He comprendido algo simple: no es el lugar lo que hace al hombre, sino el hombre quien hace al lugar.
Que otros profesores me critiquen si quieren. Que los padres se quejen de que le presto demasiada atención. Que así sea.
Aprendí la lección. Dolorosa, pero esencial. Y no volveré a pasar por eso
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