En el funeral de mi hija, la amante de su marido se inclinó y susurró: "Gané"... Hasta que el abogado se adelantó y leyó el testamento.

Ella me dejó un propósito.

Y una verdad que jamás olvidaré:

El silencio no protege.

El silencio destruye.

Y alzar la voz, aunque sea con voz temblorosa, puede salvar una vida.