Exhaló una vez: brusco, peligroso. "Voy a llamarla". "Mark, quizás espera...". "No. Esto termina esta noche".
Entramos en una gasolinera. Salió, dando vueltas de un lado a otro mientras marcaba. Me quedé en el coche, pero podía oír cada palabra a través de la puerta abierta.
"Mamá", empezó con voz fría y monótona, "dime exactamente por qué echaste a mi mujer de casa".
Oí a Linda intentando cambiar las tornas. Oí a Heather gritar algo de fondo. Oí excusas, medias verdades, versiones modificadas de la historia. Mark no se creyó ni una palabra.
"No tenías ningún derecho", dijo. "Ninguno. ¿Y luego EXIGE que pague el alquiler después de humillarla? ¿Estás loco?"
Vi cómo la manipulación de Linda se transformaba en culpa. Luego en ira. Luego en lágrimas. Mark mantuvo la calma.
"Si Emily no es bienvenida", dijo, "yo tampoco. Y no recibirás ni un céntimo de nosotros. Nunca".
Heather gritó algo ininteligible. Entonces la llamada terminó bruscamente: Linda había colgado. Mark volvió al coche, con el rostro sombrío pero decidido. "Ya terminé", dijo. "Vamos a construir nuestras propias vidas, Em. Se acabó el caos".
Y durante unas semanas, todo estuvo tranquilo. Entonces empezaron los mensajes. Docenas.
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