Roberto Salazar cayó de rodillas en medio de la sala de juntas. El mundo de certezas en el que había vivido se desmoronó al ver entrar a Isabel Morales, elegante y serena en su silla de ruedas. La mujer a la que él había arrojado a la miseria estaba allí, custodiada por cinco médicos que eran la viva imagen de un éxito que él no pudo comprar. "Roberto, te equivocaste", dijo Isabel con una voz que no tenía rastro de odio, sino de una profunda lástima. "Pensaste que ellos eran bastardos, pero ellos son el fruto de tu propia historia oculta". Samuel, el genetista del grupo, encendió una tablet y mostró los resultados de ADN que eran el protocolo estándar antes de cualquier cirugía de alto riesgo.
"La probabilidad de paternidad es del 99.99%", sentenció Samuel. Roberto balbuceaba excusas sobre el color de la piel, sobre la imposibilidad de que dos personas "blancas" tuvieran hijos tan oscuros. Fue entonces cuando Samuel reveló el secreto que la familia Salazar había enterrado bajo capas de vergüenza y prejuicio: su tatarabuelo había sido un misionero africano en España. Los genes habían quedado dormidos durante generaciones, esperando el momento exacto para manifestarse. "Se llama atavismo genético, padre", dijo Samuel con una frialdad técnica. "Usted nos dio estos genes y luego nos castigó por ellos. La ironía es que esos mismos genes son los que hoy tienen la llave de su supervivencia".
La decisión de Isabel
Roberto lloraba, pidiendo perdón, ofreciendo su fortuna, sus empresas, su nombre. "¡Sálvenme! Haré lo que sea", suplicaba el hombre que una vez lanzó su anillo de bodas a la cara de una mujer recién parida. Los cinco hermanos miraron a Isabel. Podían dejarlo morir. Podían simplemente rechazar el caso y ver cómo el hombre que los humilló desaparecía de la tierra. Pero Isabel, la mujer que los crió con amor en medio del barro de Veracruz, tomó la mano de su hijo mayor. "Háganlo", dijo ella. "No por él, sino por ustedes. No dejen que su sombra los convierta en lo que él fue. Salven la vida, porque eso es lo que son: médicos, no jueces". La operación más compleja del país estaba a punto de comenzar.
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