—Perdí quince años. Déjame pasarme la vida reparándolos... si me lo permites.
Poco a poco, Lily abrió su corazón. Reanudó sus estudios bajo el nombre de Ramírez. Enrique asistía a todas las reuniones, recitales y eventos escolares.
Mientras tanto, Margarita enfrentó cargos por fraude, secuestro y poner en peligro a un menor.
En el juicio, Enrique tomó la mano de Lily.
—No tienes que enfrentarte a ella —susurró.
—No me importa —dijo Lily—. Solo te quiero a ti.
Más tarde, en el balcón de la mansión, Lily preguntó suavemente:
—Papá… ¿puedo llamarte así?
Los ojos de Enrique brillaron.
—Por favor. He esperado quince años para escucharlo.
Y en ese instante, don Enrique Ramírez volvió a sentirse completo.
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