"¿Qué pasa si decido irme?", preguntó Andrey en voz baja.
Marina cerró los ojos por un momento y vio el esfuerzo que le costaba mantener la calma.
—Entonces te irás. No te detendré. Pero quiero que estés completamente seguro de tu decisión.
Andrey miró a su esposa como si fuera la primera vez en años. Su fuerza, dignidad y cariño eran cosas que antes habían despertado su interés, pero que ahora se habían vuelto habituales e imperceptibles.
"No te merezco", susurró.
—Quizás —dijo Marina con una leve sonrisa—. Pero tú decides. Ahora vete. Y no me llames esta semana. Quiero que pienses y no busques la solución fácil.
Andrey asintió. Se acercó lentamente a la maleta, que seguía en el pasillo, y la recogió.
“Nos vemos en una semana”, dijo desde la puerta.
“Hasta luego”, respondió Marina.
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