El hijo del multimillonario fue declarado sordo permanente por médicos de talla mundial, pero la verdadera causa fue algo que sólo yo —su criada olvidada— descubrí dentro de su oído... y puso patas arriba el mundo de esta familia mexicana.

Mi nombre es Marina, y si hay una verdad que me ha enseñado la vida es esta: ninguna cantidad de dinero puede reemplazar lo que sólo un corazón compasivo puede ver.

Me gano la vida fregando pisos. Tengo las palmas de las manos agrietadas por la lejía y me duele la columna cada noche cuando regreso a mi pequeña casa en las afueras del pueblo. Nunca fui a la universidad; ni siquiera terminé la preparatoria porque alguien tuvo que pagar las medicinas de mi abuela.

Pero lo que descubrí dentro de la mansión de Don Sebastián Calloway es más valioso que cualquier diploma enmarcado que cuelgue en las oficinas ejecutivas que él visita.

En México, todo el mundo conoce el apellido Calloway. Se le abren puertas que para alguien como yo permanecerían cerradas para siempre. Es dueño de varias empresas, viaja en jets privados y vive en una extensa finca en Valle de Bravo, como si fuera una telenovela.

arrow_forward_ios

Sin embargo, en aquella gran casa, la miseria pesaba más que los candelabros de cristal.

Su hijo Luciano, de ocho años, estaba en el centro de todo.

Se creía que el niño era sordo. Según informes de los mejores especialistas de Zúrich, Tokio y Houston, padecía una pérdida auditiva neurosensorial profunda e irreversible. Don Sebastián había invertido millones en buscar un milagro: cualquier señal de esperanza.

Todos los médicos dieron el mismo veredicto: “No se puede hacer nada”.

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.