Es verdad que la presidenta realmente responde personalmente los reportes de empleados? Preguntó Martín. Luis sonríó. No solo los responde, los lee, los investiga y actúa sobre ellos. La señora Fuentes aprendió hace 5 años que la única manera de mantener una cultura sana es manteniéndose conectada con las experiencias reales de las personas que trabajan aquí. Esa tarde Isabel tenía su reunión mensual con el comité de cultura corporativa. Era una tradición que había mantenido religiosamente durante 5 años. ¿Cuál es el reporte de este mes?
preguntó mientras se sentaba en la misma sala de conferencias donde una vez había confrontado a Julián. Camila abrió su portátil. Excelentes noticias, señora Fuentes. Este mes tuvimos cero reportes de abuso de poder. Los índices de satisfacción laboral están en su punto más alto histórico y tenemos una lista de espera de personas que quieren trabajar aquí específicamente por nuestra cultura corporativa. Y las otras oficinas, los cinco países reportan números similares. programa se ha convertido en un modelo para la industria.
Isabel asintió con satisfacción, pero su expresión se volvió seria. Nunca debemos olvidar que mantener una cultura ética requiere vigilancia constante. El poder corrompe cuando no hay controles y nosotros somos nuestro propio control. Rosa levantó la mano. Señora Fuentes, tengo una pregunta personal, si me permite. Por supuesto, Rosa, ¿alguna vez se arrepiente de haberse expuesto de esa manera hace 5 años? Fue un riesgo enorme para usted. Isabel reflexionó un momento. Rosa, esa semana fue una de las más difíciles de mi vida.
Cada humillación, cada desprecio, cada momento de injusticia me lastimó profundamente. Pero el momento del balde de agua, eso cambió algo fundamental en mí. También fue la semana más importante de mi carrera como líder. Se levantó y caminó hacia la ventana, mirando la ciudad que se extendía bajo ella. Antes de esa experiencia, yo dirigía desde una torre de marfil. Tomaba decisiones basadas en reportes, números y presentaciones pulidas, pero no entendía realmente cómo mis decisiones afectaban las vidas diarias de las personas que hacen funcionar esta empresa.
No entendía que el abuso de poder podía llegar a ser tan extremo, tan deshumanizante. Se giró hacia el comité. Esa semana me enseñó que el liderazgo verdadero no se trata de comandar desde arriba, se trata de entender desde abajo. Se trata de recordar que cada empleado es una persona completa, con dignidad, con sueños, con la misma humanidad que cualquiera que se siente en una oficina ejecutiva. Camila asintió. Esa lección cambió más que nuestra empresa. Cambió vidas. Martín, el nuevo empleado, me contó ayer que nunca había trabajado en un lugar donde se sintiera verdaderamente respetado.
Y eso es exactamente el punto, dijo Isabel. Cuando creamos una cultura de respeto genuino, no solo mejoramos el ambiente laboral. Creamos un espacio donde las personas pueden florecer, donde pueden dar lo mejor de sí mismas, donde pueden crecer tanto profesional como personalmente. Luis intervino. Señora Fuentes, ¿puedo preguntar qué pasó con Julián? Sé que no es asunto mío, pero Isabel suspiró. Julián encontró trabajo en otra empresa 6 meses después de su despido, pero su reputación lo siguió. Duró apenas un año antes de ser despedido nuevamente por comportamiento similar.
La última vez que supe de él estaba trabajando en una posición sin autoridad sobre otras personas. Espero que haya aprendido algo de la experiencia. ¿No sintió la tentación de arruinar completamente su carrera?, preguntó Carlos. La venganza no construye nada positivo respondió Isabel. Mi objetivo nunca fue destruir a Julián. Mi objetivo era proteger a las futuras víctimas de personas como él y creo que lo logramos. La reunión terminó con los planes para el mes siguiente. Mientras los miembros del comité salían de la sala, Camila se quedó atrás.
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