El gerente la humilló por parecer pobre… sin saber que era la jefa millonaria…

Se miraron en silencio durante un momento que pareció eterno. Isabel evaluó sus opciones. Podía continuar fingiendo, pero la expresión en los ojos de Luis le decía que ya era demasiado tarde para eso. ¿Qué quiere Luis? Quiero saber si está segura, señora. Quiero saber si necesita protección y quiero pedirle perdón por no haber intervenido cuando ese desgraciado le tiró el agua encima. Llevo 5co días sin poder dormir por no haber hecho nada para detenerlo. La sinceridad y el dolor en la voz de Luis conmovieron a Isabel.

Durante una semana había visto crueldad, indiferencia y cobardía. Finalmente encontraba a alguien con integridad que se sentía responsable por no haber actuado. Luis, no tienes que pedirme perdón. Tú no creaste esa situación, pero te agradezco por preocuparte. Isabel hizo una pausa. Lo que estoy haciendo es necesario, Luis. Necesito que mantenga mi secreto hasta que yo decida revelarlo. Por supuesto, señora. Pero, ¿puedo preguntarle algo? Adelante. ¿Qué va a pasar con Julián Mena? Porque después de lo que le hizo, después de esa humillación tan brutal, ese hombre no merece seguir en una posición de poder.

Isabel sonrió por primera vez en una semana. No era una sonrisa cruel, sino de justicia tranquila. Julián va a aprender una lección que nunca olvidará, pero no de la manera que él esperaría de alguien como yo. Luis asintió. Si necesita cualquier cosa, cualquier cosa, solo dígamelo. Hay algo que puede hacer. Esta tarde va a venir Alejandro Saence, mi asistente personal. Facilítele el acceso sin hacer preguntas. Y Luis, lo que va a presenciar hoy cambiará esta empresa para siempre.

Mientras Isabel subía al piso 17, Luis se quedó en el lobby con una mezcla de admiración y nerviosismo. Iba a ser un día histórico. En el piso 17, la mañana comenzó de manera habitual. Julián llegó a las 9:15 con su arrogancia de siempre, buscando inmediatamente a Isabel para comenzar su rutina diaria de humillaciones. Pero algo era diferente. Rosa Gaitán tenía una sonrisa extraña en los labios. Camila parecía más nerviosa de lo normal. Y cuando Luis subió al piso para una inspección rutinaria de seguridad, su presencia añadió una atención diferente al ambiente.

Temporal, gritó Julián desde su oficina. Ven acá ahora. Isabel se levantó y caminó hacia la oficina de Julián, pero esta vez Luis la siguió discretamente y se quedó cerca de la puerta. ¿Viste este reporte? Julián agitó unos papeles frente a Isabel. Está lleno de errores. Así es como planeas trabajar en mi departamento. Señor, yo no hice ese reporte. Es del viernes pasado antes de que llegara. No me importa. Ahora es tu responsabilidad. Corrígelo todo y que no quede ni un solo error, porque si hay alguno te vas de aquí mismo.

Isabel tomó los documentos y regresó a su escritorio, pero mientras revisaba los papeles se dio cuenta de algo. No eran errores accidentales, eran cambios deliberados que hacían que los números no cuadraran. Alguien había alterado el reporte para crear problemas financieros en el departamento. Julián no solo era un abusador, también era un ladrón. Isabel revisó discretamente los archivos digitales del reporte original. Confirmó sus sospechas. Julián había estado manipulando cifras durante meses, desviando fondos de presupuestos departamentales hacia cuentas que él controlaba.

Por primera vez en una semana, Isabel sonrió genuinamente. No solo tenía motivos para despedir a Julián por abuso, también tenía evidencia de fraude corporativo. A las 12 pm, las puertas del ascensor se abrieron y apareció un hombre que hizo que toda la oficina se quedara en silencio. Alejandro Saens, 37 años, traje de $5,000. Presencia que comandaba respeto inmediato. Su título oficial era asistente ejecutivo de la presidencia, pero todos en altavista sabían que era la mano derecha de la misteriosa propietaria de la empresa.

Si Alejandro estaba allí, algo muy importante estaba por suceder. “Buenas tardes”, dijo Alejandro con una voz que cortó el silencio como una espada. Necesito hablar con el gerente regional Julián Mena. Julián. salió de su oficina con una mezcla de confusión y pánico. Alejandro Saens nunca visitaba departamentos operativos. Su presencia solo podía significar problemas. Señor Saence, ¿qué sorpresa? ¿En qué puedo ayudarlo? Señor Mena. Por instrucciones directas de la presidencia se requiere su presencia en una reunión de emergencia.

Piso 45. Sala de juntas principal en 30 minutos. Puedo preguntar de qué se trata. Alejandro lo miró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Se trata del futuro de su carrera en esta empresa, señor Mena. Julián sintió como el suelo se movía bajo sus pies. ¿Qué había hecho mal? ¿Quién se había quejado de él? ¿Cómo había llegado su comportamiento hasta la presidencia? Mientras Julián se dirigía al ascensor con las piernas temblorosas, Alejandro se acercó discretamente al escritorio de Isabel.

“Señora, le susurró, todo está listo. ¿Está segura de que quiere hacerlo de esta manera?” Completamente segura, Alejandro. Es hora de que Julián conozca a su verdadera jefa. En 30 minutos, Julián Mena se enfrentará a la verdad más devastadora de su carrera. Lo que no sabe es que la mujer que humilló durante una semana lo estará esperando en esa sala de juntas. La sala de juntas del piso 45 era un templo del poder corporativo, mesa de caoba que podía acomodar a 20 personas, ventanales que ofrecían una vista panorámica de Bogotá, tecnología de punta para videoconferencias internacionales.

Las paredes estaban decoradas con los logros de Grupo Altavista. contratos millonarios, expansiones internacionales, reconocimientos empresariales. Julián entró a la sala con el corazón golpeándole el pecho como un martillo. Nunca había estado en ese piso. Los gerentes regionales como él no tenían acceso a las alturas del poder corporativo. La sala estaba vacía, excepto por Alejandro Sa, que revisaba unos documentos con la tranquilidad de quien controla la situación. Siéntese, señor Mena. Julián tomó asiento en una de las sillas laterales, asumiendo que no tenía derecho a la mesa principal.

Sus manos sudaban mientras trataba de imaginar qué había motivado esta reunión. ¿Puedo preguntar quién más va a venir? Su voz sonó más débil de lo que pretendía. Solo una persona más. alguien que ha estado observando muy de cerca su desempeño últimamente. A las 13:0 pm exactas, las puertas de la sala se abrieron. Julián esperaba ver entrar a algún vicepresidente o director ejecutivo. Lo que no esperaba era ver entrar a Isabel, su Isabel, la recepcionista temporal, la muerta de hambre que había estado humillando durante una semana.

Pero esta Isabel era diferente. Llevaba un traje de diseñador que costaba más que el salario mensual de Julián. Sus zapatos eran italianos auténticos. Su cabello estaba perfectamente arreglado por un estilista profesional y en su muñeca brillaba un reloj que Julián reconoció como una edición limitada de Patec Felipe. Caminó hacia la cabecera de la mesa con la confianza de quien pertenece a ese lugar. Se sentó en la silla principal, entrelazó las manos sobre la mesa y miró directamente a Julián.

El silencio se extendió durante 30 segundos que se sintieron como una eternidad. “Hola, Julián”, dijo Isabel con una voz que era la misma, pero sonaba completamente diferente. Ya no había su misión, solo autoridad pura. Julián la miraba con la boca abierta, como si estuviera viendo un fantasma. Su cerebro se negaba a procesar lo que veía en sus ojos. No, no entiendo qué está pasando aquí. ¿Por qué está usted? ¿Por qué estoy aquí? Isabel sonríó sin calidez. Esta es mi sala de juntas, Julián.

Este es mi edificio. Esta es mi empresa. Las palabras golpearon a Julián como una avalancha. Su mundo se desmoronó en tiempo real. Mi nombre completo es Isabel Fuentes de Altavista. Soy la presidenta, CEO y dueña mayoritaria de Grupo Altavista. Y durante la última semana he tenido el, ¿cómo llamarlo? El privilegio de trabajar bajo su supervisión. Julián sintió como la sangre se le iba del rostro. Sus manos comenzaron a temblar incontrolablemente. Pero, pero usted era, usted trabajaba. Yo no sabía.

No, no sabías. Y esa es exactamente la cuestión. Isabel se reclinó en su silla. Durante 5co años he dirigido esta empresa desde las sombras. He escuchado rumores sobre abuso de poder, sobre gerentes que maltratan a los empleados. Pero los rumores son solo rumores. Quería ver la realidad con mis propios ojos. Alejandro abrió una carpeta y colocó varias fotografías sobre la mesa. Eran capturas de las cámaras de seguridad que mostraban a Julián humillando a Isabel durante la semana anterior.

“Quítate de mi vista, muerta de hambre”, leyó Isabel de un reporte. “Personas como tú no deberían ni pisar el lobby de este edificio. Altavista es una empresa seria, no un refugio para fracasados. Y después Isabel hizo una pausa. Su voz se endureció. Después me tiraste un balde de agua fría encima frente a 40 empleados como si fuera un animal. Cada frase que Isabel repetía era como una bofetada para Julián. Recordar sus propias palabras dirigidas hacia la mujer que ahora tenía su destino en sus manos, lo hacía sentir físicamente enfermo.

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