Dentro había varias hojas escritas a mano. La letra de Don Ernesto era frágil, pero cada línea era clara, como un susurro:
Mi querida nuera, Elena:
Sé que has sufrido mucho. Durante estos ocho años te he visto día tras día, desde antes de que saliera el sol hasta que subía la luna.
Me cocinaste el atole, me limpiaste las heridas, me diste tu tiempo, tu paciencia y tu juventud.
Eres mi ángel de la guarda.
No sabía cómo agradecer tu noble corazón, así que tuve que hacerlo de esta manera:
Los títulos de propiedad, las cuentas de ahorro y la casa grande se los dejé a mis hijos, no porque los quisiera más, sino porque sé…
Ellos necesitan el honor y la apariencia social para mantener su posición.
Con sus personalidades, si no les hubiera dado una gran herencia, habrían provocado un escándalo y una división familiar que nunca te habría permitido vivir en paz.
Tú no necesitas esa fachada.
Tú solo necesitas justicia.
Yo tengo otra parte, oculta, solo para ti.
Está guardada donde solo una persona con cariño y paciencia la encontraría.
Bajo la carta había una pequeña llave de cobre, oxidada, junto con una nota breve:
“El cofre antiguo. Debajo de la cama.”
Me levanté apresuradamente.
Con las manos temblorosas, arrastré el viejo cofre de madera de roble, donde él guardaba sus herramientas de carpintería.
El candado estaba oxidado, pero al insertar la llave sonó un fuerte clic, y la tapa se abrió.
Dentro no había joyas ni oro, sino una pila de documentos rojos envueltos cuidadosamente en seda:
Eran los títulos de propiedad —un extenso terreno de milpa (tierra de cultivo) de más de 500 metros cuadrados en las afueras de Etla, un terreno valioso que había mantenido en secreto.
Y, lo más impactante, una libreta de ahorros con 1.2 millones de pesos a nombre de Elena Pérez de Reyes.
En el fondo del cofre, había una última nota doblada, con solo unas pocas líneas, como una bendición final:
Esto es para ti, mi hija de corazón.
Este dinero y esta tierra son la prueba de que vi y valoro tu sacrificio.
Nunca pienses que no te vi.
Yo di vida a mis hijos,
pero tú fuiste quien me acompañó en mis últimos años.
No llores, mi niña.
No voy a dejar que te falte nada.
Tienes mi bendición.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
